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Boletín de Facilitadores
FACILITADOR

Hoy en día las experiencias dentro y fuera del aula son más que similares. Todos los que atendemos a este espacio transitamos por las calles y llegamos al aula de clase, con nuestra propia “mochila” de emociones, sentimientos, pendientes e ideas, y es el facilitador, el profesor, el maestro o quien tiene la tarea de acompañarnos, la persona que debe saber lidiar con todas las reacciones que la presión de las mochilas, incluyendo la suya, ejerce sobre los presentes.

Cientos de teóricos y estudiosos de la metodología de la educación y la didáctica han dicho que este tipo de emociones deben “tramitarse”, por así decirlo, dentro de la experiencia de enseñanza aprendizaje. En nuestras aulas recibimos seres humanos que desempeñan múltiples roles durante el día y que enfrentan, en cada uno de ellos diversas situaciones. Llegan, al igual que muchos de nosotros, cansados luego de un largo día de trabajo y con la mente llena de deberes pendientes, situaciones laborales y familiares y de todas las emociones que todo esto desata; entonces, para el facilitador, conciliar tanta multiplicidad se convierte en una tarea un tanto compleja.

Hace ya algunos años el filósofo y pedagogo norteamericano John Dewey (1859-1952) planteó un nuevo propósito para la educación, y fue el de que las distintas tareas o aspectos del proceso de enseñanza-aprendizaje deberían estar orientadas por los intereses de los propios aprendices, es decir, por las fuerzas interiores que les llevan a la búsqueda de la información, a la adquisición y el desarrollo de algunas habilidades y a la perfección de muchas otras que ya posee. Esta nueva concepción dio paso a un abanico de posibilidades metodológicas que, al igual que esa “Escuela Nueva”, han puesto al estudiante como el centro del proceso, con todo y lo que él posee.

En nuestro caso particular CAPEX se ha estado convirtiendo en el escenario perfecto para darle la oportunidad a cientos de aprendices cada día y noche, de que vivan la experiencia de mejorar sus competencias y adquirir aquellas que les son de interés.  

Y es allí, en este mismo espacio, en donde los facilitadores jugamos un papel fundamental. Hemos sido dotados con talentos excepcionales que nos permiten percibir, tras la mirada de cada participante, lo que realmente le ha movido a ser parte de la familia CAPEX y, estamos llamados a aprovecharnos de esa información para ofrecer lo que paradójicamente saciará su necesidad y le dejará con ganas de más.
El secreto está, entonces, en poder poner sus intereses y los saberes de nuestra disciplina en el mismo renglón; en traducir el conocimiento al registro que mejor comprendan; en abrir las múltiples posibilidades de aplicación de ese conocimiento y sobre todo en poder aprovechar las experiencias conjuntas en la construcción de lo aprendido. En pocas palabras, el gran secreto está en que quien nos escucha y nos sigue, encuentre, significado en todo lo que ve y escucha.

Entonces, los maestros, ahora bien, llamados facilitadores, solamente direccionamos la experiencia de cada uno de nuestros participantes hasta que personalmente, descubran la manera más pragmática de adquirir una competencia y sobre todo de ponerla en práctica en su vida diaria y para lograrlo, una de las mejores armas es el cuestionamiento constante y la reflexión.

Desarrollada de esta manera, este tipo de experiencia construye inmensos saberes en los participantes y les permite acercarlos mucho más a su realidad; sin embargo, estoy segura de que no son ellos quienes aprenden más.


Estudios de Casos y Simuladores en la Educación Superior
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